El jazz a menudo cae en lugares comunes visuales (saxofones, notas musicales, ambientes oscuros). El desafío de ZEBRA era huir de la literalidad para crear una marca con discurso propio. Necesitábamos una identidad que explicara el origen social del género sin perder la sofisticación de un club moderno.
Construimos una narrativa visual basada en el contraste radical. Utilizamos el patrón de la cebra no como un estampado animal, sino como una representación gráfica del mestizaje y la improvisación. El resultado es una marca atemporal, que vibra visualmente y comunica inclusión desde el propio logotipo.
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